Después del paso del huracán

¿Puede convertirse una emergencia en una oportunidad? Después del paso del huracán Otto, autoridades van más allá de la tradicional fase de reconstruir lo dañado para plantear aprendizajes y para innovar

No reconstruyamos emergencias y desastres“, dijo el Presidente Luis Guillermo Solís a representantes de instituciones y habitantes de Puerto Jiménez el 6 de diciembre, en la gira que realizó a los territorios en Upala, la Zona Sur y Barras del Colorado, para revisar el estado de las comunidades más afectadas por el paso del huracán Otto.

El primer huracán en atravesar el territorio costarricense en más de un siglo el pasado 24 de noviembre, con vientos que superaban los 170 kilómetros por hora, dejó tras de sí una huella de destrucción, con fuertes lluvias que arreciaron desde la zona norte, en Upala, hasta la zona sur, en Puerto Jiménez, de punta a punta. Sin embargo, puede convertirse en una oportunidad no solo para cambiar el enfoque de atención de emergencias, sino para atacar las vulnerabilidades que la misma naturaleza no gestó.

¿Es este el escenario para hablar de oportunidades? En carreteras, hubo que atender 394 puntos en 92 rutas. En electricidad, se reportaron más de 60 mil averías. En telecomunicaciones, hubo 134 reportes de averías. Más de 120 acueductos sufrieron afectaciones. Se habilitaron 61 albergues temporales, en los que se recibieron más de 6 mil personas. A su vez, el IMAS atendió más de 7 mil familias. Los datos de viviendas, muy preliminares, referían a unas 300 afectaciones, mientras en la parte productiva todavía no se referían cálculos, pero era evidente que serán significativos.

Aunque pueda parecer improcedente, la realidad es que si se está poniendo sobre la mesa un cambio, que el huracán Otto habría ayudado a propiciar. El Presidente Solís lo dejó claro en su balance tras la visita a las comunidades afectadas. “Este es un país que sacó 24 mil personas de áreas riesgosas en cuatro horas”, recordó el Presidente, en alusión a que el país puede realizar grandes obras cuando se lo propone, que puede moverse más rápido para actuar.

Pero la reflexión de Solís fue más allá, al plantear que no tiene sentido simplemente reconstruir infraestructura y comunidades en las mismas zonas y puntos vulnerables, para esperar a que la próxima emergencia las vuelva a destruir. “Cuantas veces no se ha dicho que tenemos que sacar Sixaola y Parrita de donde están, ahora también debemos pensar en Upala”, expresó el Mandatario.

Cambiar ante la emergencia

De hecho, los cambios empezaron a forjarse desde el mismo inicio de la emergencia, como lo comentó Carlos Paniagua, de la Unidad de Desarrollo Estratégico de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE). El huracán Otto obligó a declarar una alerta roja en 40 cantones. No es algo inédito: durante el huracán Thomas, que no golpeó directamente el país pero generó fuertes lluvias, se llegó a tener la alerta en 61 cantones.

Lo novedoso estuvo en la forma de actuar. Hubo movilización importante previo al impacto. Y no se tuvo que esperar la declaratoria de alerta roja para actuar. “La ley brindaba posibilidades, pero el desempeño institucional no lo hacía posible. En esta administración se emitió un procedimiento, eso permitió que habiendo declarado la emergencia, no se requiriera esperar al Plan General”, manifestó Paniagua.

Se movilizaron personas en riesgo, se incluyó la atención a animales. Y para garantizar que la asistencia llegara, el Presidente designó jerarcas que fueron a las comunidades a resolver problemas en el terreno. El mensaje fue claro: máxima prioridad para la asistencia.

Paniagua también resaltó dos grandes novedades en la atención de la emergencia. “Es la primera vez que se habla inmediatamente de trabajar sobre la población vulnerable y se activan los programas sociales, antes que la atención a la reactivación productiva. Y lo segundo, que de manera ordenada y pensada se está considerando la Política Nacional de Gestión de Riesgo, considerando un concepto de las Naciones Unidas, que un desastre puede ser una oportunidad para inversiones en las que no se repitan las condiciones de vulnerabilidad que existían antes del desastre”, manifestó Paniagua.

En pocas palabras: si una emergencia afecta una comunidad, no basta reconstruirla para que la siguiente emergencia la vuelva a destruir, sino tratar de variar las condiciones de vulnerabilidad. Sacar pueblos que se meten al cauce de ríos, puentes que tienen estructuras falseadas, comunidades de los puntos más débiles en caso de inundaciones, deslizamientos, terremotos y fenómenos similares.

Esta visión de reconstrucción que se aprovecha para eliminar condiciones de vulnerabilidad también podría ser un cambio de modelo que impulse el paso de Otto. De hecho, en la elaboración del Plan Nacional de Emergencias (en el que se deben incluir las obras que se requieren para restablecer la normalidad en las zonas afectadas, con un plazo de cinco años para ejecutarse) se realizará un esfuerzo para enmarcarlo en el instrumento del Marco de Recuperación ante el Desastre, con la coordinación del Ministerio de Planificación (Mideplan).

La Ministra Olga Marta Sánchez comentó que en ese sentido, el proceso de reconstrucción es una oportunidad para cambiar estos escollos estructurales. Ello implica tomar las decisiones para las obras inmediatas de rehabilitación, pero también incluye el reto de mirar más allá. “Es necesario mirar el desarrollo con un horizonte mayor, de corto y mediano plazo ya que se tiene la oportunidad de activar economías más productivas, innovadoras, generadoras de valor agregado y de encadenamientos productivos. También es la oportunidad para reorganizar los espacios habitacionales fuera de las áreas que por sus condiciones geológicas o hídricas resultan de riesgo: viviendas más dignas y funcionales que respondan a las condiciones culturales y climáticas”.

Esa será la misión con el Plan de Reconstrucción: desarrollar instrumentos como los planes cantonales de desarrollo humano local que incorporen programas y proyectos capaces de hacer realidad lo que anteriormente se señalaba como la ruta al desarrollo local. Requerirán una nueva forma de enlazar planes reguladores y la acción de entidades, tanto nacionales como regionales y comunales.

“El Plan de Reconstrucción por tanto deberá ser una oportunidad para aprovechar esta crisis y tejer un desarrollo local de crecimiento, innovación, sostenibilidad, resiliencia e integración social”, resaltó la Ministra de Planificación. Tal vez en ese sentido, después de la tormenta, no venga la calma, sino una verdadera reconstrucción, que reduzca la vulnerabilidad.

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