El Sanatorio Durán revive el anhelo de un pueblo por recuperar su patrimonio

Anclado en las verdes y frías montañas cartaginesas, en las faldas del volcán Irazú, se encuentra un anciano próximo a cumplir un siglo. Luce desvencijado, corroído por el ácido volcánico, muy solitario en medio de la exuberancia del paisaje, pero, a pesar de su triste apariencia, aún se impone en la campiña como símbolo de la lejana gloria de lo que se consideró la “medicina moderna” a principios del siglo XX.

Se trata del antiguo edificio del Sanatorio Carlos Durán Cartín, construido entre 1916 y 1918 como centro médico hospitalario para la atención especializada de los enfermos de tuberculosis; una de las principales causas de defunción por aquel tiempo en el país.

En la época en la que fue concebido este ambicioso proyecto, la medicina moderna apostó a las bondades de la pureza del aire y del agua, al consumo de alimentos saludables, junto a la impecable asepsia del entorno, como ayuda para curar la enfermedad en sus inicios y repercutir positivamente en los más afectados.

Fue por esta razón que después de buscar un lugar apropiado en varios puntos del país, se eligió a Potrero Cerrado, distrito de Oreamuno, para instalar allí el Sanatorio. Un sitio a 2080 metros sobre el nivel del mar, cuya temperatura oscila entre 6 y 12 grados centígrados y es frecuentemente azotado por los frescos vientos.

 
En 1916 se inició la construcción del primer edificio, el cual será intervenido por el Centro de Patrimonio en 2016, cien años después.

El mismo doctor Carlos Durán (1852-1924) estuvo a cargo de todo el proceso, desde la adquisición del terreno hasta la redacción del proyecto de ley, lo que logró como diputado. Además, él tenía una historia personal que selló su compromiso con el Sanatorio; una de sus hijas padeció la enfermedad, por lo que el doctor viajó años antes a Nueva York en búsqueda de la cura.

Según la historiadora Sonia Gómez, del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, en aquel lugar, Durán pudo investigar sobre la enfermedad y estudiar las condiciones de la infraestructura donde era atendida su hija, conocimientos que implementaría luego en el primer centro médico de este tipo del país y Centroamérica.

Postal del Sanatorio de 1928.
Postal del Sanatorio de 1928, cortesía de Ana Herrera.

El “Sanatorio Carit”, su nombre original, se levantó poco a poco en las montañas cartaginesas con el objetivo de “albergar, aislar y procurar la curación de quienes padecían esta enfermedad”, señala Gómez en su estudio. Según indicó, la construcción total del complejo de edificios tardó más de tres décadas, siendo el edificio administrativo el primero que se empezó a levantar. A cada lado de este inmueble central de dos plantas, se extendían originalmente los pabellones para hombres y mujeres; hoy también en franco deterioro.

Según la investigación, esta primera construcción, de arquitectura doméstica con influencia victoriana, fue hecha con las maderas más finas y resistentes; cedro y pochote. Las bases sobre las que descansaba la construcción a medio metro sobre el suelo, eran de roble negro “de la mejor calidad”. Este será, de todo el complejo de edificios que sobrevivió al paso del tiempo, el primero que será intervenido por el Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura y Juventud.

Ileana Vives, directora de Patrimonio, indicó que durante 2015 se realizarán los planos, las especificaciones técnicas y se definirá el presupuesto para esta primera intervención.

“Vamos a cerrar la edificación, porque faltan ventanas y puertas, así como la súper estructura y los cerramientos, es decir, vamos a garantizar que no se caiga. Pero falta aún la parte definitoria, que se realiza en función del destino que se le vaya a dar a los espacios, necesitamos saber cuál va a ser su utilidad para ver los requerimientos según la función que se le dé”, mencionó Vives. Luego sentenció: “No logramos mayor avance en invertir los millones que haya que invertir, si el inmueble queda sin uso. La falta de uso potencia la falta de vigilancia y cuidado, lo que le abre la puerta al vandalismo”.

Además, la directora agregó que según el presupuesto que se asigne al proyecto, podrá valorarse incluir la restauración de la capilla en esta primera etapa. Los fondos para la primera intervención al Sanatorio Durán los aportará el Centro de Patrimonio del MCJ.

La vida en el Sanatorio
Niños en el Sanatorio Durán.
“Esta foto es una tía y un tío que estuvieron internados en el Sanatorio. Mi tía murió de tuberculosis ahí, mientras que mi tío Paulino sobrevivió hasta morir de viejo”, indicó Efraín González Buitrago en el Facebook de Fotografías Antiguas de Costa Rica. 1935.

Según la investigación del Centro de Patrimonio, el Sanatorio era una comunidad completamente autosuficiente. Había allí dormitorios, consultorios, salas para exámenes médicos, farmacia, capilla, matadero, carnicería, lechería, huerta, granja, cocina, comedores, oficinas, lavandería, panadería, biblioteca, pulpería, telégrafo; todo esto rodeado de cuidados jardines, y más allá, un cementerio para quienes no superaron la prueba.

Tal fue el nivel de independencia de esta comunidad, que hasta llegó a tener su propia moneda. Monedas de 5, 10, 25 y 50 céntimos, así como de un colón, fueron ahuecadas con el fin de que circularan de manera restringida en el Sanatorio, lo que según las fuentes que investigó Gómez, es un claro signo de discriminación de esta población enferma.

Por otra parte, varias fotografías demuestran que quienes laboraban allí se esmeraron por construir un remanso de paz donde imperó el ornato y el orden. Las instalaciones estaban rodeadas de caminos y cuidados jardines con parques, terrazas, aceras, escalinatas y glorietas, de tal modo que favoreciera el descanso y el restablecimiento de la salud.

Con lágrimas en sus ojos frente a las viejas edificaciones, Alcides Garita, de 88 años y quien fue el carnicero del Sanatorio durante varias décadas desde 1948, expresó: “Es como cuando la madre de uno se muere, es triste ver esto ahora. Viera qué cosa más linda era; los paisajes, los jardines, los recuerdos de los compañeros y las religiosas, lástima que tuvo este destino”, se lamentó. Pero ahora surge una esperanza para el viejo centenario edificio, una que busca, poco a poco y con la ayuda de varios actores, devolverle su antigua belleza y, sobre todo, otorgarle un nuevo uso.

Jardines que rodeaban los edificios del lugar.
Una muestra de los jardines que rodeaban los edificios del lugar. Sin fecha. Foto del Facebook Churuca: su gente y su historia.

“Es notorio que Costa Rica se niega a olvidar al Sanatorio Durán, en otras circunstancias hubiera sido demolido y ya habría otra cosa; sin embargo, ha permanecido porque el país se niega a olvidar un sitio donde se produjo tanto bien a la comunidad, sanando a tantas personas. El Sanatorio es la materialización de un esfuerzo comunal sin precedentes que históricamente ha sido motivo de orgullo nacional, de manera que el Centro de Patrimonio cumple con honor su trabajo; el pueblo demandó su declaratoria y declarado como patrimonio está. Ahora lo que sigue es recuperarlo y darle una utilidad”, concluyó Ileana Vives.

Después de la declaratoria como Patrimonio Histórico Arquitectónico Nacional, en abril de 2014, este conjunto de edificaciones tan especial que reúne en un mismo espacio diferentes estilos, técnicas, sistemas y materiales constructivos, algunos en desuso; es valorado por su importancia para la historia del país en general, así como también para la historia de arquitectura y de la medicina costarricense.


Información y fotografías suministradas por la oficina de prensa del Ministerio de Cultura y Juventud.

Este sitio cuenta con un lector de texto en pantalla para personas ciegas y con baja visión. Para utilizarlo seleccione el texto con el cursor del mouse y presione el ícono que aparece.

Aumentar texto

  • A  A  A  A  A