El virus de Ana Istarú: “El arte tiene que seducir”

Entrevista con la actriz costarricense, Premio Nacional de Teatro 2014 a la Mejor Actriz Protagónica

Istarú empezó su carrera actoral con obras modernas de teatro universal, en la década de 1980. Foto: Prensa MCJ.
Istarú empezó su carrera actoral con obras modernas de teatro universal, en la década de 1980. Foto: Prensa MCJ.

El nombre de Ana Istarú es conocido en el país. Su trabajo le ha permitido incluirlo en carteleras teatrales, poemarios, columnas de opinión, obras dramatúrgicas y en créditos de pantallas de televisión. Su reciente creación “Virus”, una reflexión acerca de las causas y consecuencias del papiloma humano, le valió la designación al Premio Nacional de Teatro Aquileo J. Echeverría a la Mejor Actriz Protagónica, galardón que se le otorgó también en 1996, por su obra “Baby Boom en el Paraíso”.

Ana Soto Marín, su nombre de registro, heredó de su padre -a quien describe como su cómplice- el amor por la poesía. “Sus enseñanzas, los autores que me hizo descubrir y nuestras conversaciones, abrieron mi apetito intelectual”, explicó.

Quizá en parte, eso la motive a afirmar que los padres deben transmitir a sus hijos, sus propias pasiones. “A veces les decimos que lean, pero ¿cuántos nos hemos puesto a la par de la cama a leerles un libro? Ese libro que les leemos captura la energía del progenitor, dedicada en exclusiva a él o ella. La fascinación que causa ese momento de comunión, permite la transmisión de esa pasión”, afirmó Istarú.

Con recurrente abundancia surge el tema de género en su conversación. “Me viene de la leche materna”, celebra la hija de Matilde Marín (1931-1986), quien fuera dos veces diputada a la Asamblea Legislativa. “Mamá se atrevió a irrumpir como algunas otras mujeres de su generación, en un mundo dominado por varones. Acceder a un mundo de poder, de representación política, obviamente tiene su precio. Ella lo hizo con elegancia, dignidad, con eficacia”, expresó la actriz.

Hoy es ella, quien probablemente despertará palabras similares de admiración en sus tres hijas, Valentina, de 27 años, estudiante de cine en Bélgica; Avril, de 23, cantante de rap, jazz, blues y;  Ardelia, de 16 años, estudiante de secundaria.

Istarú, empezó su carrera actoral con obras modernas de teatro universal, en el San José de los a años ochenta. Pero la dinámica de trabajo y de contratación, la motivaron a explorar los unipersonales. “Nunca pensé que fuera a ser dramaturga, yo escribía poesía; jamás me pasó por la cabeza. Surgió por la necesidad”, exclamó.

La creadora de la obra “Hombres en Escabeche” nos permitió entrar a la sala de su casa. Un espacio en donde los libros tienen un amplio protagonismo. Con paredes de colores cálidos, como muchas de sus expresiones. Compartimos un extracto de dicha conversación porque a Ana Istarú, hay que leerla, hay que verla actuar, hay que tenerla presente. Ella es, en muchos aspectos, un referente de su generación. Desde los ojos de quienes se dedican y de quienes disfrutan del teatro, de los escritores de opinión, de quienes velan por reivindicar derechos humanos y sobre todo de quienes, desde su punto de vista, son sujetos de dicha reivindicación.

¿Quién es, hoy, Ana Istarú?
“Virus” es la obra que le valió la designación al Premio Nacional de Teatro Aquileo J. Echeverría a la Mejor Actriz Protagónica. Foto: Teatro Nacional de Costa Rica.
“Virus” es la obra que le valió la designación al Premio Nacional de Teatro Aquileo J. Echeverría a la Mejor Actriz Protagónica. Foto: Teatro Nacional de Costa Rica.

Una mujer feliz y realizada porque he logrado regresar a los escenarios con una obra de mi autoría y con un trabajo de una gran exigencia actoral. Ha tenido una gran recepción del público y una acogida bondadosa de parte de la crítica. Quizás lo que más me emociona es que no era una obra fácil, “Virus” trata un tema científico, que tiene que ver con la salud. Eso a veces es una pastilla dura de tragar. Como dramaturga me siento muy complacida de haber emocionado a la gente.

¿Cuál es su principal aporte a la sociedad, como actriz y como dramaturga?

Mi intención, que espero haberla alcanzado en alguna medida, aunque sea modesta, ha sido visibilizar la situación de injusticia en que viven las mujeres por culpa de un orden social patriarcal. Es fácil decirlo, la dificultad estriba en sensibilizar al lector o espectador al respecto, tanto varón como mujer, de mentalidad abierta o conservadora. Tanto lo que he escrito en poesía, teatro o en mis columnas de opinión, tiende a eso.

En forma más amplia, no solo a clamar por la situación femenina, sino a intentar mostrar cómo un orden social machista también hace infelices a los varones. Que su situación de privilegio es muy relativa. Que las mujeres podemos ejercer un machismo muy relativo sobre otras mujeres y ser incluso, transmisoras de valores sexistas.

Yo no sé si es tan importante perdurar en el tiempo, creo que nos arrogamos más importancia de la que tenemos todos los seres humanos. Lo único que es realmente importante es dar un aporte que permita que el mundo que dejamos sea un poco mejor que el que recibimos al nacer.

¿Qué es más efectivo para comunicar su mensaje: teatro, poesía, artículos de opinión?

Es relativo porque con una obra de teatro el impacto es muy fuerte, a través de la risa, del humor, se puede permear a un público que en otras circunstancias sería muy reacio. La comedia es un método eficaz para llegarle a la gente, pero el teatro no es literatura, está hecho para ser montado.

La poesía es más perdurable, escribí poesía erótica en la que la mujer era un sujeto, no un ser pasivo, en la que el hombre era un objeto de admiración de belleza, sin cosificarlo. Invertí los roles en un momento en que eso era inusual. Esa poesía, escrita hace tanto tiempo, y ya va siendo mucho, sigue siendo leída, estudiada. Todavía tiene algo que decirle a los amantes de la poesía.

¿Qué elementos le parecen indispensables para la actuación y cuáles para la dramaturgia?

Hay que tener capacidad para entretener, emocionar, causar disfrute y hacer reflexionar, si no, no tiene ningún sentido.  Yo no creo en el arte aburrido, sesudo para demostrar qué intelectual que soy… Yo creo que el arte tiene que seducir. El teatro tiene que ser capaz de atrapar la atención del espectador y hacerlo disfrutar y la mejor manera para llegar a eso es conmoviéndolo.

Yo puedo hablarle sobre el virus del papiloma o sobre los derechos de la mujer y lo dejo frío, porque es un lenguaje técnico, objetivo, denotativo, científico. Pero si utilizo la dramaturgia, el trabajo actoral voy a poder tocarle el corazón y a partir de allí llegar a su mente. Lo sensibilizo a través de la emoción.

Lo han dicho grandes dramaturgos como Brecht. Esto se consigue a través de una estructura dramática. Puede ser todo lo experimental que quiera, pero tiene que ser eficaz. Si me aburre, si me desentiendo como espectador, si no me pasa nada, el objetivo no se cumplió.

¿En qué estado considera que se encuentra la producción dramatúrgica costarricense?

Cuando yo nací había tres dramaturgos y medio: Samuel Rovinski y don “Beto” Cañas, narradores que escribían teatro; el tercero, Daniel Gallegos, que empezó como actor, se formó como director y terminó como dramaturgo y, el medio que yo llamo, son las travesuras de Antonio Iglesias, que fueron aportes interesantes, no convencionales, el único que hizo un teatro no realista con una búsqueda.

Treinta años después surge una generación de dramaturgos que tenemos entre “sesentipocos” y “cuarentimuchos” años: Leda Cavallini, Claudia Barrionuevo, Roxana Campos, Aylin Morera, Arnoldo Ramos, Víctor Valdelomar, Guillermo Arriaga, Miguel Rojas, Sergio Masís, Melvin Méndez.

Me pregunto, cuándo va a aparecer un relevo. ¡No vamos a esperar otros 30 años! ¿Qué van a hacer los jóvenes? En este momento, no puedo mencionar un dramaturgo que pueda decir, aquí veo a alguien que va a consolidarse como escritor.

¿Cuál considera que es el principal reto que enfrenta la mujer costarricense, actualmente?

Creo que las mujeres costarricenses y las mujeres en el mundo, tenemos cosas que aprender de los varones. La primera de ellas es su autoestima. Debemos aprender a ser un poquito más egocéntricas, a estar un poco más enamoradas de nosotras mismas. Eso nos va hacer tomar conciencia de los derechos que tenemos y que debemos exigir. Nos maneja mucho la culpa por el rol social que nos han impuesto con respecto a la familia. Debemos ser más ambiciosas, no tenerle  miedo a tomar riesgos para alcanzar posiciones, para obtener nuestras metas. Lo que pasa es que nos sancionan, nos penalizan, si tenemos el mejor puesto, el mejor sueldo, o el mejor papel.

Esto podría malinterpretarse con que la mujer debe ser agresiva en su forma de ser…. Asertiva en su forma de ser. No es lo mismo, porque agresividad implica hostilidad y un deseo de subyugar o dominar al otro. Esto no, esto es el deseo de obtener mi espacio y ser soberana de mi existencia. Y los hombres tienen un confort para eso, se sienten con derecho a las cosas, no les cuesta reclamar. El altruismo nos come. Siempre estamos dando a los demás, posponiéndonos nosotras.

El hombre no entiende porqué la mujer tiene una serie de reclamos y de expectativas que antes no tenía, eso lo desconcierta, pero el hombre tiene que encontrar su sitio. Somos un grupo de generaciones en transición y estamos pagando precios terribles.

¿Se puede buscar una definición de la mujer costarricense?

Sí se puede definir. A diferencia de otras mujeres de la región, ha tenido la suerte de vivir en un país que creyó en la educación y eso le ha permitido de alguna forma, desarrollar ambición por acceder a puestos de poder. Veámoslo si no en el porcentaje que ha habido en la Asamblea Legislativa de diputadas, que es comparado con Francia o Estados Unidos. Pero hay terrenos que todavía falta por conquistar. Todavía enfrentamos montones de problemas, pero hay un mínimo de conciencia que le permite ejercer una lucha, tratar de obtener sus derechos.

¿Aún en las zonas rurales?

Es una situación muy difícil, pero aun así creo que es más ventajosa que en otros países. Lo que quiero decir es que empieza a haber realmente conciencia de que no podemos aceptar el estupro, el incesto, la violencia doméstica. Este país tiene muchas leyes maravillosas, el problema no está en la estructura de la ley o en el papel que ha desempeñado el Estado. El problema está en el seno del hogar. En el mundo privado, en los prejuicios que todavía se manejan socialmente. Es decir, las leyes van más adelante de lo que nuestra sociedad está y la mentalidad patriarcal oprime tanto a hombres como a mujeres.

¿Cuál debe ser el papel de la mujer en la política?

La gran discusión de lo que nos diferencia… En los últimos descubrimientos de la neurociencia, parece que las mujeres tenemos una gran capacidad de negociación. No tendemos a ser impositivas, autoritarias o dominantes como  muchas veces tiende a ser el macho. Tenemos más posibilidades de trabajar en forma cooperativa. Eso es una herramienta poderosa que tiene la mujer en su mano.

¿Cuál es su criterio de la utilización de los artículos masculino y femenino en el discurso político, o la inclusión de ambos géneros para una descripción?

Nunca lo he practicado. Tengo un gran respeto por las personas que insisten en hablar de esa forma. Entiendo que el afán es digno porque tratan de visibilizar la presencia de las mujeres. Pero hoy, resulta cansino, altera la gramática y puede generar animadversión. Fue importante el aporte, lo aplaudimos, ahora desechémoslo. Ya el inconsciente colectivo lo asimiló y resulta innecesario.

¿Le falta escribir sobre algún otro tema en particular?

Me falta todo, pero no creo que vaya a cambiar mucho de tema. Creo que cada autor siempre está obsesionado con una problemática o con un tema específico y explora sus distintas facetas.

¿Cuál es, hoy, su principal reto?

Hacer buen uso de mi felicidad. De mi ocio, creo que por fin en la vida estoy llegando a un momento en el que soy soberana de mi existencia, por múltiples razones. Quiero retomar la productividad que tenía cuando era joven y producir lo mejor que pueda. Cuando decía que lo que me falta por escribir es todo, es que ya de alguna manera calenté motores, me equivoqué, probé que podía ser efectiva con ciertas cosas. Creo que ahora sigue una obra de madurez y es mi responsabilidad crearla. Cuando uno es joven, está la fascinación, la energía, el brío, pero ya a esta edad se han aprendido cosas. Es lo que estoy debiéndome a mí misma. He recibido muchas cosas y tengo que devolver lo que he recibido.

Es difícil atrapar todo lo que esta creadora e intérprete tiene que decir; sobre todo, cuando su trayectoria le permite ampliar acerca de los temas que la apasionan y los que según afirma, seguirá impulsando por mucho tiempo. Bastará con observar su trabajo futuro, y esperar a que logre, como también expresó, visibilizar la situación de injusticia en que viven las mujeres. Que sus palabras trasciendan el papel o las tablas de los escenarios, para continuar permeando las sociedades en las que su arte, tiene eco.


Información suministrada por la oficina de prensa del Ministerio de Cultura y Juventud.

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