En Costa Rica, las emergencias pasaron de los terremotos a las lluvias

Más de la mitad de los desastres en el país se relacionan con inundaciones y el efecto de huracanes. Y su intensidad está creciendo

Hace más de cien años, las amenazas en Costa Rica parecían exclusivamente limitadas a los movimientos sísmicos. El panorama actual es muy diferente, en el que los desastres en el país se relacionan principalmente con fuertes lluvias, asociadas a inundaciones que están aumentando su intensidad.

Un repaso al recuento del “Histórico de desastres en Costa Rica”, compilado por la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias, permite identificar el cambio en la tendencia de las amenazas a lo largo de los años, y el incremento en los daños y fenómenos asociados a los eventos hidrometeorológicos.

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Emergencias vinculadas con eventos hidrometeorológicos en Costa Rica desde 1908

De hecho, el balance total también evidencia que las principal amenaza, en Costa Rica, viene del cielo y no del suelo. De los 211 eventos compilados como desastres en Costa Rica desde 1908, 119 corresponden a hidrometeorológicos (51,7%), 64 a sísmicos (27,8%), 29 a eventos volcánicos (12,6%) y 19 a deslizamientos (8,2%).

Sin embargo, en un período de 40 años (1908 a 1947) no se incluyen registros de eventos hidrometeorológicos. En ese lapso, se reportaron 2 desastres vinculados a volcanes y 15 sismos, incluidos el terremoto que destruyó Cartago en 1910, y el terremoto de Orotina en 1924.

En los siguientes 40 años (1948 a 1987), aparecen los eventos hidrometeorológicos como motivo de preocupación creciente para Costa Rica: se registraron 56 incidentes en estas décadas, frente a 17 incidentes sísmicos y 5 volcánicos. Sin embargo, todavía las preocupaciones se inclinaban más de estos dos fenómenos, con casos como la erupción del volcán Arenal en 1968 que destruyó los poblados de Tabacón y Pueblo Nuevo, y terremotos como el de 1951 en Paraíso con daños en Paraíso y Orosí, el de Platillos en 1952, y el de 1973 en Tilarán.

El panorama cambió radicalmente en los siguientes 30 años (1988 a 2017). Las lluvias se volvieron más violentas, resultado de la creciente influencia de huracanes: en 1988 fueron Gilbert y Joana; este último afectando 75 poblaciones y dañando 12 mil hectáreas. Después, en 1996 fue César. En 1998 fue el turno de Mitch y de Floyd, en el 2001 fue el de Michelle, en el 2005 fueron Stan y Wilma, en el 2008 Alma, en el 2010 siguió Tomas, y los más recientes casos, en el 2016 con Otto y en el 2017 con la tormenta tropical Nate.

Se trata de 63 desastres asociados a eventos hidrometeorológicos, con una década todavía por delante para completar los 40 años de los anteriores periodos. En promedio, se pasó de 1,4 eventos por año, a 2,1 y eso solo en los casos relacionados con lluvias e inundaciones.

Mientras tanto, los eventos sísmicos registraron 22 eventos en estos últimos 30 años. También han aumentado su incidencia, pero sus promedios de 0,42 en los 40 años previos y de 0,77 en estas tres décadas están por debajo de los registros asociados con las lluvias.

Otro detalle que debe llamar la atención es el aumento en la intensidad de las lluvias: según los registros del Instituto Meteorológico Nacional, luego de que con el huracán Joana se registraran precipitaciones de 843 mm en la región del Pacífico Sur, con Tomas en el 2010 se superaron los 1.300 mm en el Pacífico Central, y con Otto en el Pacífico Sur. Y aunque con la tormenta tropical Nate no se alcanzaron estos niveles, el que las lluvias estuvieran concetradas en solo dos días elevó su impacto.

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