Gobierno rompió paradigmas en 2016 y demostró que el cambio es posible

Balance del 2016 evidenció avances tanto en materia social como económica, y demostró que no es imposible sacar del estancamiento problemas recurrentes

Costa Rica no está condenada al subdesarrollo y aunque hay problemas que se vuelven recurrentes y muestran soluciones herrumbradas, si es posible cambiar la forma de enfrentarlos, se pueden renovar las soluciones y acciones, y de esta manera recuperar el avance.

Esta es una gran lección que dejó el 2016. A pesar de que en algunos sectores prevalecen sensaciones de que el país está atrapado en problemas que no se pueden resolver, la realidad es que en este año se mostraron avances en diferentes áreas, desde lo social a lo económico. El Gobierno del Presidente Luis Guillermo Solís se distanció de estrategias desgastadas y puso en práctica nuevas respuestas. Los paradigmas de una pobreza que se repite en forma infinita, de una economía ineficiente y un Estado condenado a mutilarse para sobrevivir, se están desmoronando.

El país no está ante un paraíso mítico, donde todo se resuelve mágicamente, no hay grandes problemas por resolver o estos se diluyen solos. Pero en este 2016 se presentaron señales importantes de que los paradigmas pueden romperse, las dificultades encalladas pueden recibir respuestas renovadas y que Costa Rica tiene condiciones para encontrar un camino propio al desarrollo. Como lo hizo en el pasado, lo está haciendo hoy.

Costa Rica tiene condiciones para ejercer liderazgo mundial:

En el 2016 Costa Rica fue noticia en el mundo por situaciones como su matriz de energía limpia (la mejor del mundo) o su experiencia en el modelo de Estado Abierto. En este año alcanzó su mejor puesto en el ranking de libertad de prensa en el mundo, al ubicarse en el puesto 6 del mundo. Y a nivel de salud, lidera la carrera de América Latina para superar la esperanza de vida de 80 años.

Se modernizó el enfoque de lucha contra pobreza:

Con poco más de un año del funcionamiento de Puente al Desarrollo, hay elementos muy positivos. Se redujo la pobreza en varios niveles, desde el promedio nacional (22,4% en 2014  a 20,5 en 2016), hasta el ámbito rural (30,3% a 25,7%). Sin embargo, lo más relevante fue el cambio de modelo, al pasar de un enfoque tradicional asistencialista, a uno integral, en el que la medición histórica de ingresos es complementada por otra evaluación de acceso a servicios, con un Índice de Pobreza Multidimensional (IPM).

Se salió del estancamiento para emprender grandes obras:

No se trata de creer que todo inicia y termina en una administración, sino de la voluntad para iniciar o terminar procesos que llevan años atascados en la falta de voluntad política y la claridad de lo que el país requiere. En esta administración se sacó del estancamiento proyectos claves de infraestructura, como la construcción de la Terminal de Contenedores de Moín, y en este año se relanzaron las ampliaciones a las rutas de San José-San Ramón y la ruta 32 a Limón.

Diálogo produce resultados:

Se logró pasar de una Costa Rica dividida en dos, prácticamente paralizada por sus debates, a un país que aunque mantiene niveles importantes de debates, discrepancias y diferencias, logra algunos acuerdos. El nivel de protesta social se redujo en una tercera parte, como reportó el Estado de la Nación, y procesos como la construcción de un proyecto de ley para la pesca sostenible del camarón y se está creando en forma participativa un mecanismo para la consulta a los pueblos indígenas. Algunos ejemplos de que el diálogo, aunque por momentos sea complicado, rinde frutos cuando se canaliza adecuadamente.

Voluntad política puede concretar cambios: la rebaja a las Convenciones Colectivas:

La promesa de denunciar y negociar todas las convenciones colectivas también es una evidencia del punto anterior. Se lograron históricos acuerdos en Recope, en Japdeva y en el BCR, todos resultado de conversaciones entre autoridades y representantes de los trabajadores. Debe tenerse presente que se trata de la primera vez en que las renegociaciones son a la baja, en medio de consensos. Durante más de tres décadas, las negociaciones fueron para aumentarlas, y ahora se demostró que la racionalización es posible dentro de estas negociaciones. Porque debe recordarse que las convenciones son un instrumento protegido por las leyes y la Constitución Política.

Renovando la fórmula para la economía responsable:

En el 2016 se logró una reactivación de la economía, algo que se propuso en el 2015, con el lanzamiento de Impulso. Un año después, la producción pasó de crecer a un ritmo mensual de 2% a un 4%, por encima del promedio de los países de América Latina. Es un entorno de estabilidad, con una evolución positiva en en las tasas de interés, el control de la inflación más baja en la historia del país (y de las menores en América Latina) y unas exportaciones que lideran el ámbito latinoamericano. Todo esto en un escenario bastante limitado por la amenaza del déficit fiscal y el crecimiento de la deuda; sin embargo, una vez más hay una actitud responsable. En el 2016, el crecimiento acumulado de gasto más bajo en la década permitió una reducción del déficit, que podría ser de aproximadamente un punto del PIB.

Se pueden construir nuevas herramientas:

El Gobierno demostró la vocación para cambiar herramientas que se mostraban herrumbradas y modernizar las respuestas, como con el  IPM y la creación de respuestas colectivas y participativas, como en los procesos del camarón y la consulta indígena. Nuevas formas de participación, como el Laboratorio Ciudadano, buscan potenciar las experiencias y alternativas, precisamente en la dirección de desarrollar el modelo de Estado Abierto. También se modernizó el modelo para fijar salarios. Y no fue exclusivo del sector social; en el económico se pasó de bandas a flotación administrada para el tipo de cambio, sin sacudidas un año después, y se implementó una nueva fórmula para tasa básica pasiva, además de un manejo creativo de la deuda. Y en materia fiscal, se aprobó la ley contra el fraude fsical, que permitiría mejores controles contra fraude y evasión.

Las deudas del pasado pesan, pero se pueden saldar:

El país arrastra algunas deudas con temas que exigen atención. En esta administración se evidenció la vocación para enfrentarlas. En el caso de la CCSS, se hizo el mayor pago en la historia de la deuda del Estado con la institución, lo que permitirá a la entidad celebrar sus 75 años con una histórica inversión en lugar de la crisis que arrastraba en años recientes. No son las únicas deudas del pasado que se atienden: la modernización del INCOFER logró concretar su ley en la Asamblea Legislativa, donde los diputados también han retomado proyectos que esperaban su aval por años, como la reforma procesal laboral, el nuevo Código Procesal Civil y las reformas a las pensiones, por citar procesos que esperaban y que se consolidaron en este 2016, tras grandes acuerdos sociales.

Es tiempo de desarrollar nuevas alianzas y estrategias:

Si las fórmulas tradicionales se desgastan, es oportuno pensar en nuevas alianzas y estrategias. Esto se esta generando con acciones para aclarar el panorama para impulsar las alianzas público privadas, los resultados de la alianza de empleo, y las propuestas de educación dual. Otro ejemplo se presenta ante conflictos como el creciente congestionamiento vial, que motiva el desarrollo de alternativas como el teletrabajo, y ante los problemas del transporte público, se cambia el modelo tradicional y se moderniza el enfoque, como lo evidenció Costa Rica se mueve.

Emergencias son inevitables, pero reacción ante ellas hace la diferencia:

No había forma de prevenir y evitar emergencias como la llegada masiva de migrantes, así como anticipar la trayectoria del primer huracán que pasaría por el territorio nacional en años. Sin embargo, en el manejo de la crisis de migrantes el país demostró que su vocación por los derechos humanos le permite establecer nuevos estándares mundiales, primero con los cubanos y luego con los haitianos, y en la reacción ante el huracán Otto se innovó en su enfrentamiento, para evitar que los daños fueran mayores. Y también se cambia la reacción post-emergencia, para no quedarse en reconstrucción de vulnerabilidades.

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