Las oleadas de migrantes que estremecieron Costa Rica, pero renovaron su esencia

Mas de 27 mil migrantes irregulares en año y medio pusieron a prueba los valores del país. El país tuvo que replantear sus acciones en esta materia y aunque el desafío amainó, todavía no termina

Hacia finales del 2015 y hasta el 2016, Costa Rica enfrentó una oleada humana para la que no estaba preparada y que la obligó a una reacción de emergencia de instituciones y comunidades. Primero miles de cubanos y luego africanos y haitianos se quedaron atascados en el país, presos entre su situación migratoria irregular y el cierre de la frontera norte con Nicaragua.

Fueron más de 27 mil migrantes irregulares en menos de dos años, 36 mil desde el 2013. Un desafío inédito para el país, que lo enfrentó con base en sus reservas: la institucionalidad para emergencias, el voluntariado, la colaboración de las comunidades y la decisión, desde la Presidencia, de encarar la situación apelando a los valores que han caracterizado históricamente al país: respeto a derechos humanos y solidaridad. Con ellas se logró capear una tormenta que todavía no termina, pero ya deja aprendizajes y lecciones para el futuro.

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Migrantes irregulares detectados en Paso Canoas del 2013 a julio de 2017

Lo primero que se debe anotar es que aunque los problemas migratorios venían aumentando, el país no estaba preparado para la magnitud de las dos diferentes oleadas. En efecto, en el 2014 ya se habían registrado 6.152 migrantes irregulares en la frontera de Paso Canoas, un aumento de más del 100% con respecto al año anterior. Sin embargo, los 21.187 que se registraron en el 2015 representaron un aumento de un 244%.

La primer oleada se detectó en noviembre del 2015, poco después que las autoridades desmantelaron una red de tráfico de cubanos, que venían desde Ecuador hasta Estados Unidos, y cuando Nicaragua decidió cerrar su frontera para estos migrantes. “La situación era muy complicada para el país, no se contaba con recursos para esto, ni se contaba cómo atender a esta población dentro de las operaciones normales de las instituciones“, recordó Gisela Yockchen, Directora de Migración.

Ante esta situación, se tuvo que improvisar y recurrir a la institucionalidad del país para atender emergencias, recuerda Iván Brenes, director de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE). “El país tuvo que echar mano de toda la estructura operativa de emergencias, nos enfrentábamos a una situación que revestía características de crisis humanitaria. La CNE tuvo que articular todo el proceso de respuesta, tocar la puerta a comunidades, iglesias, organizaciones. Tuvimos más de 40 albergues por más de cuatro meses, con más de 500 voluntarios que dieron sostenibilidad a esos albergues”.

La crisis también puso a prueba la diplomacia costarricense, que tuvo que movilizar espacios a nivel centroamericano, latinoamericano y mundial,  para procurar una solución a el estancamiento de los cubanos. Y cuando se logró la solución con un puente aéreo… lo inesperado. “Nadie podía imaginarse que se iba a dar un segundo flujo de migrantes que provenían de África y América del Sur, con un escenario totalmente diferente, otros idiomas, culturas diferentes, un panorama más complicada para buscar apoyo en las comunidades”, manifestó Yockchen.

Brenes también coincide en que la segunda oleada fue un reto mayor. “La gente estaba desgastada y los migrantes eran muy diferentes, no solo por el tema de idioma y religión: por ejemplo los cubanos venían con niveles altos de educación, los extracontinentales tenían niveles muy básicos. Tuvimos que buscar aliados, como la Universidad para la Paz, la Agencia Española de Cooperación Internacional, y con el Comando Sur de Estados Unidos se gestionó la donación de un campamento, que ayudó a tener un Centro de Atención para Migrantes en el Comando Sur”, dijo.

Sin embargo, este segundo flujo de migrantes irregulares empezó a decaer hacia finales del 2016. “Entraban unas 2 mil personas al mes, pero en diciembre se dió una baja de un 90%, y ahora se mantiene constante, pueden estar ingresando unas 200 personas al mes”, explicó Yockchen. Es decir, la oleada migratoria amainó, pero no desaparece.

Lecciones tras la marea

La Directora de Migración resaltó que ahora el país está preparado para manejar mejor los temas migratorios. “Desde la Presidencia hubo un mandato, desarrollar un enfoque de derechos humanos para realizar la atención de estos procesos. Y la Dirección General de Migración (DGME) se empodera y aplica un abordaje integral, basado en la protección a los derechos humanos y la seguridad nacional, eso se encuentra hoy dentro de nuestra operativa, habilitamos un proceso diferenciado para atender esta población, creamos centros de asistencia y controles para manejar los perfiles peligrosos. Al final es una lección aprendida”, manifestó.

Por su parte, Brenes destaca que hay un cambio de enfoque, ya que los crecientes problemas migratorios se empezaban a percibir en el país desde el 2012. “Las políticas migratorias existían pero estaban más enfocadas al turista. Ahora la Dirección General de Migración asume estos procesos, desarrolla infraestructura y nosotros quedamos en un proceso más de asesoría”, expresó.

Hoy, los Centros de Atención de Migrantes los administra la DGME, y no se requiere de un Decreto Ejecutivo de Emergencia, como ocurrió en el pasado, para poder activar y coordinar la institucionalidad costarricense en esta materia. También el financiamiento ya no depende de la CNE, que tuvo que destinar ₡1.500 millones del Fondo de Emergencias para la asistencia humanitaria de este proceso.

Además, se trata de una situación que ya no desaparecerá. En el informe regional “Flujos de Migrantes en Situación Migratoria Irregular“, publicado por la OEA en marzo del 2016, se destaca que la migración desde el 2011 se vió incrementada de manera extraordinaria por factores diversos, desde los económicos hasta los climáticos. De hecho, casos como la violencia en Congo, que antes eran fenómenos lejanos, se convierten en situaciones que repercuten en el país: mas de un 13% de los migrantes irregulares en Costa Rica desde el 2013 provenían de ese conflicto.

¿Las recomendaciones de la OEA? Principalmente, los países deben propiciar el diálogo regional para la adopción de un enfoque de responsabilidad compartida de los Estados ante los nuevos flujos de migrantes, consolidar sistemas de información integrados, y redoblar los esfuerzos de coordinación de los Estados y fortalecer nexos con organizaciones humanitarias para darle el debido respeto a los derechos humanos de estas poblaciones vulnerables.

En estos casos, al menos Costa Rica asumió la responsabilidad de realizar la tarea, renovando su compromiso histórico con la solidaridad y los derechos humanos.

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