Nueva tarea: comunidades y estudiantes diseñan sus escuelas y colegios

Los Talleres Participativos del Departamento de Desarrollo de Infraestructura Educativa del MEP cambian las edificaciones cajoneras por construcciones en las que se incorporan las condiciones del entorno  y la participación de quienes las van a utilizar

Desde el 2011, las comunidades que van a recibir nuevas instalaciones o remodelaciones reciben una nueva tarea de parte de la Dirección de Infraestructura y Equipamiento Educativo (DIEE), del Departamento de Desarrollo de Infraestructura Educativa del Ministerio de Educación (MEP): se les encomienda decir las necesidades que deben satisfacer las edificaciones y participar en el proceso de diseño.

Desde entonces, alrededor de 72 Talleres Participativos se han desarrollado en diferentes comunidades, de los cuales se han construído alrededor de 26, por las limitaciones que establecen los procesos de contratación, y hay 15 que están en fase de elaboración. “Estamos un poco limitados por los recursos disponibles, pero tratamos de ubicar a los diferentes actores del proceso educativo, para que desde la planificación, se puedan empoderar del proyecto”, comentó la arquitecta Adriana Brenes.

La arquitecta Yoryana Zúñiga comentó que el primero de estos Talleres le tocó desarrollarlo en El Carmen de Nandayure. “El terreno tenía condición de pendientes irregulares, en un entorno rural, por lo que hicimos un taller, con una hoja de papel periódico, para que nos dieran ideas de cómo querían el colegio y luego hiciera una exposición. No se quería el típico pabellón, estructuras prefabricadas, sino que todas las aulas se conectaran a una plaza, un concepto diferente”, explicó.

Así se realizan diferentes actividades con los estudiantes, con los maestros y administrativos, con las Juntas de Educación. Se buscan las adaptaciones tomando en cuenta las condiciones del terreno, desde calor hasta irregularidades, así como las necesidades y peticiones de los estudiantes. “Normalmente no salen cosas estrambóticas, piden áreas de juego, interacción de espacios interiores y exteriores… y es común que pidan gimnasios, canchas y piscinas, cosas que por presupuesto están limitadas, pero se hace lo posible por incorporar sus peticiones”, comentó Brenes.

El concepto parte de la teoría del diseño participativo, que desde la década del 70 se maneja en Europa, pero en Costa Rica no ha tenido mucha aplicación. Una capacitación en la UCR para los encargados de estos diseños les llamó la atención. “Los escolares cuidan más las instalaciones cuando la comunidad ha participado en el proceso, por eso es importante incorporarlos. No es que ellos deciden el diseño, sino que nos ayudan con los elementos que consideran representativos y que quisieran ver reflejados en sus centros de estudio”, explicó Brenes.

Se trata de un ejercicio colectivo, y también de creatividad. “No tenemos dibujantes. Somos un equipo pequeño, salimos un arquitecto, un ingeniero civil y uno eléctrico a estas giras, y debemos dibujar y diseñar, y realizar la coordinación con las comunidades”, comentó Zúñiga. A pesar de ello, han logrado ir incorporando estos Talleres a los diseños, para procurar que cada edificación, cada centro educativo que se construye o reacondiciona, tenga su propia alma, salida de la esencia misma del terreno y sus habitantes.

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