Quiero un país que brille

Luis Guillermo Solís Rivera

Presidente de la República

Acto de entrega del Centro Nacional de Congresos y Convenciones

Heredia, Costa Rica. 5 de abril de 2018

 Sin dudas es esta una noche para celebrar, una noche de alegría para Costa Rica, una noche que nos trae lo mejor de nosotras y nosotros mismos. Una ocasión para dar las gracias y una razón para felicitarnos porque hemos logrado, en este Centro de Convenciones, derrotar al escepticismo y colocar la oportunidad como centro de nuestros esfuerzos. No se podía, dijeron en el Siglo XIX, quienes querían tener sociedades construidas sobre la base de la ignorancia, y Costa Rica fundó una base ejemplar de educación pública

No se podía, dijeron quienes a principios de Siglo XX no creían que fuera posible una reforma social que devolviera solidaridad a las sociedades que habían sido esclavizadas por mucho tiempo, por una lógica liberal, que colocaba a las personas por debajo del ingreso y surgió nuestro sistema de seguridad social.

No se podía, dijeron quienes amaban las armas y don Pepe (José Figueres Ferrer) abolió el ejército. No se podía cuidar la naturaleza y Costa Rica se volvió un referente de energías limpias y hoy es uno de los países que necesitan infraestructura como esta, precisamente para seguir preservando la naturaleza.

Pudimos eliminar la pena de muerte antes que muchos otros países. Pudimos tener luz eléctrica en San José antes que muchos países, pudimos traer agua potable al 99% de Costa  Rica gracias al Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA), y casi la misma proporción o más de energía eléctrica producida 100% con fuentes naturales, gracias al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), y ¿quién dijo que no se podía? Se pudo, y se pudo mucho, y se puede más siempre y cuando tengamos generosidad de corazón y sepamos enterrar para siempre la mezquindad que sigue siendo una mancha oscura en el corazón de la política nacional.

Esa convicción de que Costa Rica puede, como hemos podido tener esta magnífica Orquesta Sinfónica Nacional, como hemos podido reducir la pobreza, como hemos podido hacer crecer la economía y mantener estable al país, como hemos logrado construir puentes ahí donde no los había, llevando salud y educación ahí donde la infraestructura no estaba en adecuadas condiciones para ello.

Los aeródromos donde se han invertido tantos miles de millones de colones para traer a turistas de manera más segura hasta nuestras playas, todo esto es posible y más todavía en los próximos años, si aquilatamos adecuadamente la capacidad enorme de nuestro pueblo y de nuestras instituciones para hacer las cosas bien.

 Y sí como hemos pretendido hacer en esta Administración, si el sector público y el sector privado se dan la mano, si la academia y las organizaciones sociales contribuyen en ese esfuerzo y si de una vez por todas rompemos las cadenas que impiden que el dialogo social se realice en condiciones adecuadas, y la política nacional rompa para siempre esa mala costumbre de solo criticar y destruir los puentes necesarios para avanzar.

Todo ello es una obligación que al mirar una obra como esta, debemos realizar con entusiasmo y con sentido optimista. Creo como decía muy bien, Mauricio Ventura (Ministro de Turismo), que ello se puede lograr cuando derrotamos ese escepticismo y esa continua producción de obstáculos con creatividad, con determinación, con liderazgo y con visión de futuro, trascendiendo.  Trascender, ir más allá, subir más lejos, volar más alto; eso Costa Rica lo hace, porque tiene la capacidad en su pueblo y en la inspiración de su historia para lograrlo.

TRABAJAR EN EQUIPO

Y por supuesto, hay que decir -en una noche como esta- que las cosas no se hacen solas. Se hacen gracias a los equipos que trabajan mirando más allá de las diferencias ideológicas, como lo ha hecho el equipo del Instituto Costarricense de Turismo (ICT). Se hace entendiendo que las grandes obras son fruto de las grandes mentes y de las manos unidas, y el gran capitán de esta obra, el Ministro de Turismo y sus equipos, hombres y mujeres del ICT y quienes con ellos trabajaron, han dado muestra fehaciente de esto.

Por supuesto que tenemos que mirar las etapas sucesivas, como continuación de este proceso que inició hace poco más de un año y que tendrá en la empresa privada costarricense internacional a sus principales responsables.

Si, ha sido enorme la contribución del sector público, pero no menos importante la del sector privado, que requeriremos para que siga generando empleos y para que siga promoviendo a Costa Rica como destino.  Especialmente a la empresa privada vinculada con el sector turismo, no únicamente a ella, pero principalmente a esa industria. En esta Administración hemos tratado de acompañar a esa industria de la manera más efectiva y también fraterna posible.

Los compañeros del ICT han multiplicado muchas veces la conectividad de Costa Rica a Europa. Ya no es noticia saber que una aerolínea transcontinental viene al país y aumenta la frecuencia de viajes a Europa. Ya no es noticia saber que una empresa turística va a hacer un nuevo hotel en Guanacaste, porque ya hay agua para esos hoteles, en Papagayo y más allá. Ya no es noticia saber que la industria está creciendo a más de dos dígitos y que este es un esfuerzo sostenido que ha estado presente durante más de dos años, antes de que este Centro fuera construido.

Y no lo es porque la industria turística y sus empresas, valientes, corajudas, grandes y pequeñas, en las montañas y en el mar, propias y ajenas, han encontrado en Costa Rica lo más importante que las empresas buscan, tanto en el sector turismo, como en todas las demás, que es el talento humano de nuestra gente y esa capacidad, es la que estamos celebrando también esta noche y la que va a hacer posible que este Centro pase sus mejores años todavía por venir, desarrollando todavía más esa capacidad del alba costarricense de crecer y prosperar en beneficio de nuestra gente.

UN RECORRIDO POR LA PATRIA DE HOY

Hoy cuando entraba a este edificio de la mano con Mercedes y acompañado del Gabinete, empecé a escuchar el rumor del mar del Caribe Sur, me acordé del poderoso Sixaola desembocando en el Caribe; recorrí, como tantas veces, antes de ser Presidente y siéndolo, los canales de Tortuguero. Caminé por las aceras que hoy existen y que antes no existían en Barra del Colorado, recuperada después de los días del Huracán Otto y de la Tormenta Nate

Y recorrí el río Colorado y me adentré en el cantón de la Cruz, heroico muchas veces por su resilencia y su humanidad al recibir a miles de migrantes al pasar por Costa Rica, sin que sus derechos fueran violados ni un solo segundo.

 Y llegué a Bahía Salinas y bajé a las playas del Jobo, hoy, nuevamente productivas gracias a los acueductos que hay allí, resultado de esfuerzos de lo público y lo privado, y seguí bajando por Guanacaste y vi el nuevo centro productivo, el Mercado Regional Chorotega en Filadelfia y seguí bajando, hacia Papagayo y constaté que hay agua otra vez en esa zona y que en Sardinal, las comunidades están conversando con Playas del Coco como no conversaban antes, porque fuimos capaces de concertar con ellas un diálogo basado en el respeto y en el interés común, no en la arrogancia y en la exclusión.

 Y bajé por la Península y llegué a Malpaís y cruce el Golfo y pasé por Puntarenas, donde tenemos que aprender a conciliar el interés ambiental con el interés de la gente que trabaja, con la gente del mar, molusqueras, pescadores, camaroneros con valentía. Y decir las cosas como son, que tan trabajadores son ellos, que necesitan el apoyo del Estado, como quienes estamos interesados en preservar el ambiente.

Y seguí por el Pacifico Central y me imaginé el magnífico Aeropuerto Metropolitano de Costa Rica que se construirá ahí y cuya primera etapa debería estar culminada en 10 años. Y seguí hacia el Sur, y llegué a los manglares del Térraba y vi las entradas, ahora muy mejoradas gracias a las inversiones del BID en Corcovado, y pasé por las aeródromos de Coto 47, que tiene luz, y el de Drake, que tiene la pista más grande, y pasé por La Managua y me encaminé a los territorios indígenas que hoy tienen caminos y tienen agua y tienen escuelas gracias a los esfuerzos de acueductos, del MOPT, de las propias comunidades.

ESTE PAÍS EXTRAORDINARIO

Y entendí por qué este país es más extraordinario, porque cuando uno mira el Valle Central desde las Cumbres de Talamanca, cuando uno entiende la historia de Costa Rica desde las profundidades de su economía… una economía que hoy está bien porque, a pesar del déficit generado, lo redujimos, uno entiende mejor el país que puede tener y porque, cuando uno se contempla en el espejo del mundo, se da cuenta de lo grande que es Costa Rica y lo extraordinaria que es su gente.

Yo quiero que este país crezca más, quiero que esta economía crezca más, quiero que la tierra se reparta mejor, quiero que las empresas tengan más seguridad, quiero que las inversiones continúen llegando a Costa Rica como lo han hecho hasta ahora, confiando en nuestro talento humano y quiero que haya paz en la política y solidaridad en la sociedad.

Quiero un país que brille, como ha brillado hasta ahora porque ha sabido reconciliar a la naturaleza con la producción y porque ha sido capaz de entenderse mucha más grande, que los pequeños pleitos cotidianos que a veces nos agobian.

 Esa es la Costa Rica que pudo construir este Centro de Congresos y Convenciones en menos de un año después de haber estado paralizado por más de una década. Esa es la Costa Rica que amamos y esta es la Costa Rica que heredamos a una nueva Administración que asumirá con responsabilidades superiores la conducción del Estado a partir del 08 de mayo y qué alegría saber, amigas y amigos, hermanos y hermanas costarricenses, que esa Administración será mejor que la mía y el Presidente que la dirija, mejor que yo.

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